La frontera y la perseverancia.

Y ellos se conocieron por azar, en esas vueltas raras que da la vida, a través de un amigo en su cumpleaños, luego de esas casualidades se encontraron en el cine arte, en una de esas películas raras que nadie dice ver por miedo de ser tomado por “freak”. Ninguno de los dos tenia nada que perder. Ella, resignada de toda relación pasada, piensa que morirá sola y no se preocupa por ello, su trabajo es lo más importante. Él, estudiante de ingeniería en sistemas a punto de recibirse, oriundo de Rio de Janeiro, nerd por excelencia, asexuado, perdido entre toda relación amorosa por una “cuestión de principios”.
Encontrarse, quizás por el destino, en el Arteplex de Villa de Parque, ese cine siempre tan vacío y decadente. “No sabîa que te gustaba el cine arte” dice ella, mientras él daba explicaciones metódicas acerca de las visiones globales del director y otras nimiedades de la película. Fueron a tomar un café al Havanna de enfrente, y tuvieron esas conversaciones espontáneas, lúdicas, tan simples por afuera pero que, en su interior, entramaban más y más lazos entre los dos. Eran uno para el otro, nada podía interrumpir esa charla, salvo la cajera que los hecho a la hora del cierre del local. Salieron a la puerta, se pasaron los PIN cuales adolescentes modernosos y se saludaron.
Y ahí comenzaba una relación como ninguna, todo parecía perfecto, salvo por un enorme detalle, él se mudaría en dos semanas a San Pablo, por cuestiones laborales inamovibles.
Ninguno de los dos había nunca tenido un afecto tan grande hacia otra persona. Realmente se habían enamorado en menos de un mes.
La angustia los invadió, no sabían como cambiar la situación y entre decisiones opuestas, la fecha llegó. Él se fue a Brasil, y se instaló allí. Aunque nunca dejaba de hablar con ella todas las noches, sea por chat o por Skype; semana santa o navidad. Siempre se comunicaban, se necesitaban.
Ellos se turnaban y viajaban cada 3 o 4 meses entre San Pablo y Buenos Aires, tratando de hacer todo lo posible para mantener esa relación tan perfecta y a la vez tan imposible. La distancia era mucha, pero la verdad es que no existía.
Pasaron 2 años, los dos lograron la manera de hacer parte de su trabajo a distancia. Pero esa brecha física aun existía. Resulta increíble ver la fuerza que tiene el amor, ellos insistían y no perdían las esperanzas, sus amistades realizaban apuestas acerca de cuando su relación iba a terminar, pero absolutamente todos perdieron. El amor no tiene distancias, a pesar de lo que todos digan. Ya llegará el turno para que ellos dos encuentren la paz en un solo lugar.

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