Madre Sado

El amante de Norma salía las noches del trabajo y se dirigía a su departamento, sabiendo que ella iba a estar en la puerta, esperándolo. De lunes a viernes se repetía la misma rutina, él con su uniforme de guardia y ella con su impermeable fucsia. Ninguno de los se amaban, era simplemente sexo. Lo curioso es como Norma tomaba las riendas de la vida de el guardia, tratando de encaminarlo hacia una forma de vida más próspera: lo obligó a terminar sus estudios secundarios en la escuela nocturna, le consiguió un mejor trabajo en la compañía de su marido, incluso le instauró el hábito de la cocina sana que él nunca había tenido.
Todo a cambio de sexo. Aunque sus preferencias eran menos tradicionales por así decirlo. Entre el columpio sexual que tiene Norma en su recámara, los trajes de látex, la fusta, los juguetes… Todo parecía extremadamente psicótico, pero la verdad es que visto desde afuera resultaba bastante entretenido, como un juego entre infantes. En eso transcurrían las tardes de la semana.
Sin ninguna otra forma de pensar. La pasión y el cuidado nunca parecía apagarse

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